martes, 15 de agosto de 2017

DISCÍPULOS Y SEGUIDORES CON MARÍA



Queridos ciudadrealeños devotos de Nuestra Señora la Virgen del Prado:

Ya nos vamos acercando a la fiesta de la Virgen del Prado el día 15 de agosto. Todos los años, este día, los devotos lo celebramos con auténtica fe y alegría, todos los ciudadrealeños hacemos fiesta, porque es la festividad de nuestra patrona, la patrona de nuestra ciudad, Nuestra Señora la Virgen del Prado.

Han sido muchos los actos y acontecimientos que hemos vivido en el año que ha durado la celebración del cincuentenario de la coronación de nuestra Señora la Virgen del Prado. La celebración solemne de este cincuenta aniversario de su coronación, ha debido ser un motivo para que, como devotos, hiciéramos una balance, una revisión de nuestra vida y de nuestra devoción personal, para comprobar la autenticidad de la misma y tomar conciencia de las exigencias que debe suponer para nosotros y la exigencia de nuestra devoción a la Virgen bajo esta advocación.

Cuando nos disponemos a celebrar la fiesta de nuestra patrona el día 15 de agosto, se me ocurre que no podemos celebrarla únicamente centrándonos en lo puramente exterior y vistoso, que, por experiencia, sabemos que no tiene una mayor repercusión en nuestra vida como cristianos, ni en una devoción más auténtica a la Virgen.

La celebración de nuestra patrona, la Virgen del Prado, debería llevarnos a un planteamiento mucho más auténtico de nuestra devoción mariana y de nuestra vida cristiana; debería llevarnos a un cambio y a una auténtica vivencia interior de su significado; a una conversión y a una fe más auténtica al estilo de la suya.

Nuestra identidad cristiana no puede estar cimentada en actos esporádicos y externos que no interpelan nuestra vida cristiana, ni nuestro crecimiento y maduración de tal identidad. La fe es una vida y la vivimos cuando estamos siendo coherentes con nuestra identidad de seguidores de Cristo, con un estilo propio y peculiar del verdadero discípulo del Señor que trata de vivir cada día, sin reducir la fe a lo que está bien visto o a lo que es más vistoso o nos resulta más cómodo.


Una vez más, la festividad de nuestra patrona la Virgen del Prado nos invita a clavar nuestra mirada en su persona y en su vida, para descubrir cuáles son sus virtudes, las actitudes más sobresalientes que ella vivió en su vida y tratar de imitarla nosotros en la nuestra.

Pongamos a la par las principales actitudes más sobresalientes de nuestra Madre, como primera y la mejor discípula de su Hijo, y las actitudes personales nuestras como cristianos y seguidores del mismo Cristo, para concienciarnos de las diferencias entre Ella y nosotros. No para desanimarnos ni condenarnos a nosotros mismos, sino para sentir en nuestro corazón la llamada que María, por medio de su vida, de sus actitudes vitales y personales, nos hace a cada uno de nosotros, especialmente a los que más cerca de ella nos consideramos; una llamada a cambiar nuestras carencias y defectos y a convertir nuestra vida según el modelo que vemos en ella; porque imitándola a ella, que fue la primera y la mejor seguidora y discípula de su Hijo, también nosotros seremos sus discípulos y seguidores auténticos.

Sintamos esta llamada de la Virgen del Prado y tratemos de encarnar en nosotros sus mismas actitudes, y vivir nuestra fe como ella la vivió. Ella se preguntó, en todo momento, lo que Dios le pedía y respondió siempre con generosidad y disponibilidad al plan salvífico de Dios sobre toda la humanidad, dando su sí a lo que a ella le correspondía dentro de ese plan de Dios.

Ojalá que, ante la contemplación de nuestra Madre, sepamos todos responder con nuestra disponibilidad al plan de Dios, diciéndole con el corazón y con la vida: Aquí estoy, cuenta conmigo.

¡Feliz fiesta de la Virgen del Prado!

Gerardo Melgar Viciosa, Obispo-Prior de Ciudad Real